Siempre se dice que los británicos son idiosincrásicos, que manejan del otro lado, tienen el volante del auto también cambiado y se caracterizan por su excentricidad, sea por la manera de vestir o por el modo en que miden las cosas.
Una ley de 1887 prohíbe específicamente que alguien se muera en el Parlamento.La verdad es que algunas leyes vigentes del Reino Unido parecen probar el estereotipo.
De modo que si uno tiene la desgracia de sufrir un infarto en la Cámara de los Comunes o en la de los Lores, más le vale que lo saquen pronto del recinto, no sea cosa que además de morirse lo lleven preso.
Según la ley británica es un acto de traición poner una estampilla con la silueta de la reina Isabel II cabeza abajo en una carta.